El de hoy fue el décimo festejo de la Temporada Grande en La México con el que se inició este 2019.

Los toros fueron de Rancho Seco y Fabián Barba volvió a dejar patente su gran toreo y cortó una oreja. Por su parte Ernesto Javier “Calita”, que ya quería su regreso al coso más grande del mundo, dejo una grata impresión y se perfila como una de las revelaciones de esta temporada, mientras que Diego Sánchez, que topó con el lote más complicado y no se amilanó.

El primer toro de la tarde provocó un sobresalto al saltar al callejón. Fabián no se acomodó con la capa, pero si con la muleta, el toro Ochentero embistió muy bien, repetidamente, con calidad y tuvo toda la fijeza; sin malas ideas y siempre metiendo la cabeza con enjundia. Fabián lo toreó pausadamente, también dándole receso para no agobiarlo. Tandas por derecha y al natural de fina estructura, entendiéndose muy bien con Ochentero, templado y con oficio. Estocada hasta la empuñadura, de la que salió rebotado con un fuerte golpe, pero premiado con una oreja.

Con su segundo realizó una auténtica batalla, toda vez que el socio no se prestó para la embestida suave y menos con nobleza; tuvo que robarle con mucha firmeza los pases, pocos, pero de mucho mérito. Fabián le dio pelea al astado, haciéndole una labor muy torera y claridad. No había más que hacer y se llevó solamente los aplausos.

Ernesto Javier “Calita”, descarado desde el principio al cuajar una larga cambiada y luego verónicas de corte clásico para rematar soltando una punta del capote, muy artísticamente. Tras magistral puyazo de César Morales, “Calita” se guardó los quites y dio paso a las banderillas, el de Rancho Seco de más a menos y aun así el diestro le puso emoción a su labor, sin perder formas ni cabeza, siempre estructurado.Concluyó toreramente para dejar una estocada muy caída, pero y decíamos que, a este torero, más que espada, su toreo es más que sobresaliente. De todos modos, el juez le premió con una oreja.

Inspirado nuevamente salió con la capa ante su segundo toro, desmayando los brazos en verónicas tersas que remató pintureramente. Con la muleta la historia fue otra, ya que Ernesto tuvo oportunidad de patentar su faceta como buen lidiador, ya que se enfrentó a un toro nada fácil, que salía con la cara arriba y sabía lo que dejaba atrás, amén de sus medias embestidas. El torero no perdió claridad, le dio pelea cabalmente por ambos lados, extrayendo muletazos de muy buena calidad, imponiéndose al de Rancho Seco, al que supo resolverle la papeleta sin problema, viéndose a gusto y con ideas bastante sobrias.

Dejo pinchazo en lo alto y una espada entera, mal con descabello y no se salvó de dos avisos.

Más que rescatable, Ernesto es un torero prácticamente nuevo en La México y en el resto de las plazas de primera y la continuidad es obligación de las empresas que se cansan de decir que no hay toreros.

Diego Sánchez no tuvo socio fácil como primer de su lote. Se guardó los saludos capoteros, para enfrentar con muleta a un toro de embestida violenta y ante el que Diego busco estar más que firme pese a su poco bagaje. No escatimó entrega ni valor, aunque no terminó de cuadrar la propuesta del incierto animal. Lo despacho de estocada certera. Si bien no encontró lo deseado, sí que estuvo digno.

Más artístico con la capa en su segundo, meciendo los brazos cadenciosamente, para rematar con sello. Se pegó un arrimón el joven hidrocálido, derivado del poco recorrido que tuvo el astado, no se amilanó Diego y se fue a encelar al socio en terrenos comprometidos, pero funcionó, ya que extrajo pases de calidad y aunque de uno en uno, el torero no dejó de correrle la mano como pudo. Más claro de ideas en este toro, Sánchez dejó muy buena impresión por la madures que va adquiriendo. Mal con la espada.

Se despidió el picador Ricardo Morales el “Guero de la Capilla”, luego de 38 años activó sobre los caballos; dio la vuelta al ruedo al caer el tercer toro, cobijado por su dinastía, cinco generaciones, y por las Golondrinas.