Soy ganadero, cazador, rejoneador y me siento torero… Y además me enorgullece decir que soy hombre de campo. Porque ser hombre de campo es tener raíces y estar pegado a la tierra. A una tierra labrada, a una tierra de secano, a una tierra de pasto fértil, a una tierra que sencillamente huele a tierra y en estos días a una bondadosa primavera.

El toro es campo, y, por tanto, el mundo del toro debe mirar hacia lo rural. Allí donde nace el toro, allí donde se dignifica a los hombres y mujeres que trabajamos para conservar espacios como la dehesa, allí donde el sol no se pone hasta no dejar dispuestas nuestras cosechas, allí donde no se descansa hasta no dejar alimentados a todos los animales… Allí donde no se para ni con la mayor pandemia de la historia moderna.

En estos días observo con preocupación que ha tenido que venir una terrible crisis sanitaria para darnos cuenta de la importancia de no separarnos en dos mundos: urbano y rural. Porque en estos

momentos se ha demostrado que cuando lo urbano tuvo que parar lo rural siguió trabajando para poder alimentarle. Y, ahora también nos toca a través del toro y de nuestras tradiciones, devolver el cariño a la gente de los pueblos, a quienes siempre nos han apoyado.

Es momento de que sectores del campo que nunca habíamos estado conectados como la agricultura, la ganadería, la caza, las mujeres rurales, la tauromaquia… nos unamos, sumemos, pensemos y trabajemos juntos. Me ilusiona especialmente estar implicado en Alianza Rural una entidad que trabaja para poner en valor la relevancia del campo como motor para el desarrollo económico y medio ambiental de España.

Ganaderos, agricultores, cazadores, forestales… Y demás hombres y mujeres del campo entre las que se encuentran nuestra gente del toreo, somos todos lo mismo, porque compartimos el compromiso con la defensa de los valores rurales, medioambientales, de las tradiciones, de nuestra cultura y de nuestros pueblos.(Mundo)

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